Opiniones Principales

El fin del chivo expiatorio

Si se abre la información de Lozoya estaríamos ante el inicio de un proceso similar al que ha sacudido a las clases políticas de varios países de América Latina. Es un cambio de paradigma: el fin del chivo expiatorio y el inicio del chivato delator. Eso, en materia de justicia, en materia de medios de comunicación, la omerta mafiosa, sigue mandando.

 

Por juan José León Gámez

Cada vez que un funcionario público es arrestado en México y, también en otros países, se recuerda la figura del chivo expiatorio. Todos sabemos que el chivo expiatorio tiene su origen en un ritual judío en el que el pueblo cargaba todas sus culpas y todos sus pecados en un chivo que después era enviado al desierto, llevando consigo el mal y purificando al resto del pueblo.

En nuestro país durante muchos años se acostumbró que al inicio de un gobierno presidencial un alto funcionario público del periodo anterior, fuera acusado de graves actos de corrupción, era condenado a prisión y ahí se le abandonaba cargando todas las culpas del pasado, mientras sus jefes y compañeros de gabinete disfrutaban el dinero e incluso del poder en nuevas posiciones.

El tradicional chivo expiatorio sufría en silencio su desgracia y al terminar el régimen que lo condenó, normalmente salía libre para dejar la celda al siguiente desfavorecido por la cruel ruleta del poder. Para Miguel de la Madrid su chivo expiatorio fue Jorge Díaz Serrano, Director de Petróleos Mexicano de José López Portillo; para Carlos Salinas de Gortari lo fue Joaquín Hernández Galicia, La Quina; Ernesto Zedillo subió la apuesta y se atrevió a tocar nada menos que al hermano de su antecesor y fue Raúl Salinas de Gortari el encarcelado, mientras que Enrique Peña Nieto tomó a Elba Esther Gordillo. Vicente Fox, panista, no se atrevió a tocar a ningún zedillista y Felipe Calderón a ningún foxista. Sin embargo, la figura del chivo expiatorio siguió viva a nivel de gobiernos estatales. Cada nuevo gobernador cargaba las culpas con uno de los cercanos colaboradores de su antecesor. Las condiciones nunca variaron: silencio a cambio de libertad en el siguiente régimen.

Andrés Manuel López Obrador, como líder opositor rechazó estos rituales. Sabe que no puede existir el chivo expiatorio, sin la expiación gratuita de todos sus cómplices. La impunidad y la perpetuación de la corrupción es la esencia del rito.

Pero la figura del chivo expiatorio tiene un componente básico: el chivo es una bestia, carece de voluntad, no puede rechazar las culpas ajenas. En el antiguo régimen los chivos expiatorios sabían que se enfrentaban a una maquinaria mayor que ellos y no podían hablar y si hablaban, nadie les prestaba atención y las consecuencias serían aún peores.

El caso de Emilio Lozoya rompe este mecanismo de culpa, silencio y expiación colectiva. El exdirector General de Pemex decidió hablar y solicitar los beneficios que, según la legislación vigente, puede obtener al cooperar para castigar a las otras personas que participaron u ordenaron los actos corruptos.

Todo indica que desde el inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto, este funcionario se preparó para varios posibles escenarios y por eso fue diligente en acumular la información y pruebas suficientes para involucrar a sus cómplices. Se habla de horas de videograbación que involucran a poderosos dirigentes de diversos partidos.

La oposición no esperaba este nuevo escenario. Sus voceros oficiosos en los medios están asombrados y enfurecidos: Inicia el show, tituló El Universal su nota de ocho columnas el 29 de julio. El día de hoy, 30 de julio,  sólo una columna se ocupa del escándalo y la firma Héctor de Mauleón para denostar la investigación.

Idéntica política editorial siguen Excélsior, Milenio, Reforma y los demás medios de comunicación tradicionales: una legión de comentócratas angustiados por el destino de los corruptos.

Si se abre la información de Lozoya estaríamos ante el inicio de un proceso similar al que ha sacudido a las clases políticas de varios países de América Latina. Es un cambio de paradigma: el fin del chivo expiatorio y el inicio del chivato delator. Eso, en materia de justicia, en materia de medios de comunicación, la omerta mafiosa, sigue mandando.

 

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