Sonora es particularmente vulnerable a los impactos del cambio climático expresados en temporadas de sequía más frecuentes e intensas y ondas de calor, que han causado varias muertes en la entidad. El año pasado una onda de calor asoló a Hermosillo con temperaturas de 47 °C, provocó apagones de energía eléctrica y desnudó fallas en la red de abasto de agua en la ciudad, afectando a más de 20 mil personas

 

Por Alfredo Acedo

Había una vez un debate que convocó a gente preocupada, a las mentes más lúcidas e informadas de la ciencia del clima y a algunos lacayos de las corporaciones del petróleo: a saber, el calentamiento global actual es uno más de los cambios climáticos ocurridos en el planeta de manera natural a lo largo de las eras, o bien es producto de los gases de efecto invernadero (GEI) emitidos por el uso de combustibles fósiles, matriz energética del sistema industrial capitalista.

Hace tiempo que el debate serio terminó. La velocidad vertiginosa en términos geológicos de los cambios en el clima global, no corresponde a un fenómeno natural y las evidencias brotan por todas partes exhibiendo la huella del carbono de emisión antropogénica. El mar se vuelve ácido y aumentan su temperatura y su nivel. Los glaciares se derriten. Los huracanes incrementan su destructividad y las sequías y ondas de calor son más recurrentes e intensas.

Atravesamos por una crisis climática que atenta contra la existencia de miles de especies y pone en riesgo nuestro propio modo de vida. El calentamiento del planeta está afectando ya de muchas formas a la población, con impactos observables en los ecosistemas y en distintos ámbitos de la sociedad: la salud, la economía, la infraestructura estratégica, la producción de alimentos, la disponibilidad y calidad del agua, las migraciones y el desarrollo de las actividades productivas.

El año pasado más de 11 mil hombres y mujeres de ciencia de 153 países declararon la emergencia climática y advirtieron que las emisiones de GEI siguen aumentando rápidamente, a pesar de 40 años de negociaciones y 25 reuniones anuales de expertos y gobiernos, y no obstante convenios como el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París. En consecuencia, las distorsiones en el clima de la Tierra son cada vez mayores y algunas, de carácter irreversible. Desde la Universidad Estatal de Oregon, la coalición científica llamó al orbe a escalar los esfuerzos para conservar nuestra biósfera con el fin de “evitar sufrimientos indecibles” por causa de la crisis del clima.

¿Acaso este terrible problema global, del que México es parte y víctima, ha pasado de noche para el gobierno de la 4T, empeñado en recuperar la industria petrolera y supuestamente despreciando las energías limpias —contra viento y sol—, sin un plan de transición energética? No, precisamente.

En febrero de este año fue publicada en el Diario Oficial de la Federación la actualización de la Estrategia de Transición para Promover el Uso de Tecnologías y Combustibles Más Limpios, bajo el significativo lema “Hacia una transición energética soberana de México”.

En 2050, según la estrategia, el país deberá contar con un sector energético de tecnologías limpias y eficientes, que promoverá la productividad, la sustentabilidad y la igualdad social. También tendrá una industria nacional garante de una transición energética soberana, a más de una población con mejor calidad de vida, acceso total a las tecnologías de punta y energías renovables, a bajo costo.

Al concluir el sexenio, las energías limpias (bioenergía, eólica, solar, geotermia, hidroeléctrica y energías del océano), aplicadas en la generación de electricidad, deberán representar al menos 35%. En 2018, era 24.1%. El aumento permitirá cumplir con los compromisos de mitigación o reducción de emisiones.

Así explica el documento la transición soberana: “En la nueva situación interna y con un contexto de incertidumbre sobre los mercados internacionales de los combustibles convencionales, en materia de energía es primordial recuperar la autosuficiencia energética, como un principio de seguridad nacional, para reducir la vulnerabilidad de la economía mexicana ante cambios geopolíticos.” Ello implica la capacidad de tomar decisiones soberanas de política energética e industrial.

La soberanía es fundamental para transitar a la nueva matriz energética que reduzca las emisiones de gases de efecto invernadero, para atender necesidades de la sociedad como la vigencia de los derechos humanos, un nivel de vida digno, la equidad de género, la preservación del medio ambiente y el respeto a la cultura y territorios de los pueblos originarios vecinos de la infraestructura energética.

El gobierno de la 4T enfrenta una paradoja aparente: el petróleo como recurso estratégico es concebido como la base de la sustentabilidad del país y no hay contradicción en que sea también el sostén de una transición con inclusión social.

El concepto de justicia climática no está contenido de manera expresa en la Estrategia, pero ilumina el hecho de que México, habiendo sido gran productor de petróleo, está intentando recuperar su industria. Como es sabido, el país fue gobernado por una oligarquía saqueadora y corrupta que dilapidó el recurso energético, exportó el crudo y revirtió finalmente la expropiación cardenista, entregando a la iniciativa privada local y extranjera la principal riqueza nacional.

Pero algunos estudios indican que si se busca evitar los efectos más perniciosos del calentamiento global, no debería ser extraído más de un tercio de las reservas probadas de combustibles fósiles. Es una situación tan injusta como inexorable. Los países ricos, principales causantes del cambio climático por su estilo de vida adicto al petróleo, deberían financiar la transición de los países pobres.

En el mismo sentido, el Programa Sectorial de Medio Ambiente y Recursos Naturales 2020-2024 señala como prioridad exigir a los países y a las corporaciones contaminantes que día a día contribuyen a exacerbar el cambio climático, que asuman su responsabilidad. La Semarnat admite que el combate contra la crisis del clima constituye una batalla de supervivencia de la humanidad, que podría complicarse por el deterioro de otros componentes del sistema planetario, por ejemplo el adelgazamiento de la capa de ozono y el mal uso del agua.

El fortalecimiento de la acción climática es el segundo de seis objetivos prioritarios del programa, para transitar hacia una economía baja en carbono. La meta del Acuerdo de París, del que México es firmante, busca limitar el incremento global de la temperatura por debajo de los 2° C, y realizar esfuerzos para un aumento no mayor a 1.5° C. Nuestro país se comprometió a reducir para 2030 el 22% de CO2 y 51% de carbono negro. El esfuerzo a realizar significa multiplicar en más de diez veces la magnitud de las acciones emprendidas hasta hoy.

Para el caso de México, el incumplimiento de acciones climáticas en términos de la producción agrícola, significaría para los principales cultivos (maíz, trigo, soya, caña de azúcar, sorgo y arroz) una caída en los rendimientos de entre 5 y 20% en las próximas dos décadas y de hasta 80% a finales del siglo. El Instituto Tecnológico de Sonora ha realizado estudios que indican una disminución del rendimiento de grano de los cultivos de trigo de un 33% en el Valle del Yaqui, en un escenario de calentamiento global de 2° C.

Sonora es particularmente vulnerable a los impactos del cambio climático expresados en temporadas de sequía más frecuentes e intensas y ondas de calor, que han causado varias muertes en la entidad. El año pasado una onda de calor asoló a Hermosillo con temperaturas de 47 °C, provocó apagones de energía eléctrica y desnudó fallas en la red de abasto de agua en la ciudad, afectando a más de 20 mil personas.

Esto es sólo el comienzo. Será necesaria la participación y colaboración social y el acompañamiento y vigilancia del gobierno a los principales emisores de GEI para alcanzar las metas. Para ello, ya se promueve la agroecología, así como la eficiencia energética de industrias, mipymes y otros sectores, como el habitacional, a través del programa de generación distribuida colectiva mediante energías renovables.

Recientemente, la Semarnat concluyó la consulta previa a la elaboración del Programa de Acción Contra el Cambio Climático que dará a conocer próximamente. Tendrá un carácter urgente y se prevé crucial para fortalecer la acción climática a fin de que México descarbonice su economía y que su población, ecosistemas y sistemas productivos sean resistentes y adaptables a los efectos de la emergencia climática. Ya veremos su magnitud.