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Estar enamorado genera más resistencia a virus; por ejemplo, al de Covid-19: Especialista

Ciudad de México, 29 de septiembre 2020.- Durante el enamoramiento o primera etapa del amor, se tienen más defensas contra cualquier microorganismo, debido a que la expresión de los genes involucrados en la respuesta inmunológica se incrementa, aseguró el investigador de la Facultad de Química de la UNAM, Ignacio Camacho Arroyo.

Durante la videoconferencia “Los Ingredientes Bioquímicos del Amor”, transmitida a través de las páginas de Facebook del Planetario de Cozumel y de la Academia Mexicana de Ciencias, expuso que en un artículo publicado en 2019 se describió que estar enamorado puede modificar la actividad del sistema inmune.

Los genes involucrados en la respuesta inmunológica elevan su expresión: “En esta etapa vamos a tener más defensas contra cualquier microorganismo. Si estamos enamorados y nos enfermáramos de la Covid-19, por ejemplo, es mucho más probable que podamos resistir al virus”, según publicó la Gaceta UNAM.

Explicó que el amor, en términos biológicos, es un fenómeno integral en el que participa todo el organismo; en particular el cerebro y diferentes glándulas que producen mensajeros químicos que se comunican entre sí.

Asimismo, agregó que hay dos tipos de amor: el de pareja y el filial (maternal o paternal), ambos fundamentales para la supervivencia de las especies: “En los mamíferos, particularmente los homínidos, el de pareja en muchos casos llevará a la procreación; en cambio, el filial es importante para el cuidado de las crías en etapas muy tempranas del desarrollo”.

El doctor Camacho Arroyo es profesor de Carrera del Departamento de Biología de la Facultad de Química de la UNAM e Investigador Nacional nivel II. Su desempeño ha sido fundamental para el desarrollo de la investigación en el Departamento de Biología de la Facultad de Química, en donde es pionero tanto en la investigación biomédica a nivel molecular, como en la formación de recursos humanos en esta área.

Diferentes fases amorosas

El académico expuso que el amor consta de diferentes fases: el enamoramiento; el amor pasional o de consolidación, y el amor de compañía. En la primera, la actividad cerebral se modifica de manera selectiva en diversas regiones de nuestro sistema nervioso central. En el amor romántico se acciona el hipotálamo, el cual está involucrado en el despliegue de la conducta sexual.

En el enamoramiento, abundó, hay una activación y, a su vez, una desactivación de diversas regiones cerebrales. A nivel de la corteza las diferentes zonas activadas están vinculadas con la confianza y la seguridad, y las regiones inactivadas se relacionan con el juicio y percepción de la realidad.

“Cuando se está en la etapa inicial, la percepción de la realidad es un poco diferente de lo que ocurre, pero esta activación o desactivación de las áreas del cerebro no dura toda la vida”, recalcó Camacho Arroyo.

Al comienzo del enamoramiento, prosiguió, otros cambios hormonales significativos son, por ejemplo, en la mujer el aumento de testosterona; mientras que los hombres presentan menores niveles. En esta etapa, ambos sexos tienen mucha incertidumbre y estrés moderado; por lo tanto, se dará un incremento de cortisol, en comparación con sujetos que no se encuentran en ese estado.

“Esas alteraciones en los niveles hormonales, al igual que los que suceden en el cerebro, son temporales y varían de pareja a pareja, dependiendo de cómo se den los primeros meses de relación”, agregó.

Dr. Ignacio Camacho Arroyo

El especialista se refirió además a otras manifestaciones del amor, claves para el bienestar y la supervivencia de las especies, como el deseo sexual, vinculado con el coito que puede llevar a la reproducción; la atracción, primordial para establecer lazos de pareja, y las buenas relaciones.

Destacó que en esas manifestaciones emocionales intervienen diferentes mensajeros químicos, pues las hormonas son esenciales para desplegar cualquier conducta sexual; por ejemplo, la testosterona es una hormona típicamente masculina y el estradiol y la progesterona son hormonas femeninas.

Participan también los neurotransmisores, mensajeros químicos (dopamina y serotonina) que se producen en el cerebro y regulan las funciones del sistema nervioso y péptidos (oxitocina y vasopresina), los cuales se producen en el cerebro y se liberan de la glándula hipófisis.

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