Por Lic. Armando Saucedo Monarque  @saucedomonarque

La comentocracia, la partidocracia y la clase política de ayer del México de hoy, se han mostrado gustosos con el resultado del plebiscito chileno que dio como resultado el mandato del pueblo chileno al Estado para que  reniegue de su actual perfil constitucional y convoque a una asamblea constituyente paritaria e incluyente, que redacte una nueva norma con base en un diseño que recoja las aspiraciones democráticas de la población, las demandas de los pueblos originales como los Mapuches y Payos, las aspiraciones de igualdad de las mujeres y los derechos humanos en general, como ejes rectores.

Solo los más reacios y descarados retrógradas han manifestado públicamente su descontento y asombro con el nuevo devenir que dibuja el pueblo chileno, pues  a partir del ejercicio de la democracia directa y participativa construye un nuevo paradigma social, político, económico y cultural de cara al futuro con un paso firme y decidido  a la transición democrática y de ribete desmontando a punta de consultas populares el viejo régimen golpista, porque hay que recordar que primero fue el ¡NO!, después las elecciones bajo las reglas del pinochetismo y hoy la nueva construcción social.

Sin embargo, esos falsos aplaudidores del triunfo del pueblo chileno en México son rabiosos críticos de la cuarta transformación, no obstante que, Andrés Manuel López Obrador, es el verdugo que ejecuta la sentencia de muerte dictada en contra de los regímenes neoliberales, emitida por más de treinta millones de mexicanos en un ejercicio democrático que cristalizó nuestros anhelos democráticos de un cambio en el país, donde primero estén los pobres y después los que menos tienen, se gobierne para las mayorías desprotegidas, se castigue la corrupción en todas sus modalidades y se gobierne obedeciendo el mandato popular.

Es difícil para ellos digerir que las cosas ya no son como antes, que el tráfico de influencias, la impunidad y la corrupción, al menos en la parte superior de la escalera gubernamental, ya no es parte de la costumbre del poder, añoran los años en que podían disfrutar en provecho propio los bienes públicos y someter al país entero a sus designios sin el menor escozor de clase, en fin, sueñan en la vuelta atrás.

No entienden que el empuje democrático en Latinoamérica está de vuelta a punta de votos ciudadanos que se han impuesto y frenado a las burguesías criollas fuertemente enquistadas en los poderes de los estados nacionales, que conforman Centro y Sudamérica, apoyados por el gran imperio del norte, empezando con los 30 millones de votos que obtuvo Andrés Manuel López Obrador; 12,942,183 de votos para Alberto Ángel Fernández en Argentina; el 55,1% de los sufragios, que evitó una segunda vuelta, a favor de Luis Alberto Arce Catacora, en Bolivia; y, ahora en Chile la población optó por un cambio de fondo orgánico y sustantivo en el diseño de una nueva constitución, con una votación aplastante de 5,885,721 votos que significó el 78,27% de los electores, en un hito de carácter mundial por la envergadura del cambio ordenado por la población que, al menos en las ideas en proyecto, será más profundo que en nuestro país.

Pero cuáles fueron los motivos que han llevado a las poblaciones de los países en cita a buscar el cambio profundo, podemos decir sin temor a equivocarnos que, al igual que en México, quitarse el yugo de las políticas neoliberales que mantenían al pueblo sometido a la pobreza permanente, sin poder acceder a la movilidad social por falta de oportunidades en la educación y en el trabajo, pues importaba más mantener buenos parámetros macro económicos que abatir las carencias sociales y la pobreza, como signo distintivo de la mayoría de la población, el hartazgo con la clase política dominante rapaz, depredadora e insaciable con los bienes públicos, la corrupción galopante existente en cada rincón de la sociedad y del gobierno y la impunidad como tutora de la inseguridad pública ya que, al final del día, todos estos parámetros significan más pobreza para la población.

En cada país el cambio enfrentará duras pruebas; en Argentina la clase política desplazada y los medios de comunicación como el periódico El Clarín; en Chile los resabios de la dictadura, en Bolivia los remanentes de los golpistas y en México un conjunto de políticos, empresarios, medios de comunicación y el crimen organizado, todos con la meta de hacer fracasar las trasformaciones sociales y dar pasos a la restauración en los estados de políticas benefactoras a las oligarquías con sus rémoras sociales y culturales.

En Sonora se acerca la hora del cambio, el mandato en las urnas debe de ser fuerte y claro para que, Alfonso Durazo Montaño tenga la base social necesaria para impulsar e implementar los cambios necesarios en un estado que, tradicionalmente, ha estado marcado por inercias políticas y sociales conservadoras y retrógradas, privativas de una clase dominante ligada al sector primario de la economía y sin haber experimentado una real alternancia en el poder, pues la experiencia panista fue quítate tú, para ponerme yo a robar, en consecuencia la tarea es ardua para lograr el triunfo de la Cuarta Trasformación en el Estado.