Opiniones Principales

El imperio cruje

Lic. Armando Saucedo Monarque  @saucedomonarque

La invasión al Capitolio en el distrito federal de Washington, Estado Unidos, ha desatado toda una serie de comentarios sobre el atraco a uno de los símbolos de la democracia, a decir de la prensa mundial y criolla, afirmaciones que considero totalmente alejadas de la realidad; explico por qué.

Las reglas de electorales que fijaron los fundadores de la Unión Americana respondían a circunstancias históricas vigentes en el año de 1776 y establecieron una serie de contrapesos para garantizar la vigencia de los intereses de cada una de las trece colonias fundadoras en la génesis de los Estados Unidos de Norteamérica, las cuales en lo sustancial se mantienen hasta la fecha, pese a que el vecino de norte con el devenir de los años se convirtió en la potencia dominante sobre la tierra, con cincuenta estados federados y una de las naciones más pobladas del orbe.

Las intrincadas reglas de la democracia norteamericana tienen una contradicción insuperable, que genera fuertes tensiones sociales, debido a que en cada justa electoral no gana el que tiene el mayor número de los votos ciudadanos, sino el que obtiene el mayor número de votos electorales, correspondientes a cada estado de la nación, así George Walker Bush fue declarado triunfador sin haber ganado el voto popular, pues fue Albert Arnold Gore quien lo obtuvo y lo mismo pasó con el actual presidente Donald John Trump en su elección, pues fue Hillary Diane Rodham Clinton, quien logró la mayoría de los votos de la población, de tal manera que el resultado de cada elección presidencial no refleja la voluntad popular de los estadounidenses, circunstancia que exhibe la falta de un verdadero sistema democrático, razón por la cual son cada vez más las voces en el vecino país, que exigen una reforma electoral de fondo para superar esta ecuación irresoluble.

Bajo esa mirada es claro que las reglas para el desenvolvimiento de las relaciones sociales de producción del vecino del norte, no dan para más porque son insuficientes para garantizar su reproducción sin sobresaltos en términos regulares, debido a que en el aspecto electoral la contradicción insuperable a la que hemos hecho referencia ha dejado en la sociedad un dejo amargo de insatisfacción y frustración fácilmente explotado por los discursos de odio o fundamentalistas debido a la baja cultura y conciencia de clase del pueblo norteamericano y a la falta de un liderazgo de las izquierdas con suficiente audiencia y arrastre que aglutine la movilización social catalizadas recientemente por la violencia policíaca, bajo la bandera de las vidas negras importan.

En consecuencia, los actos de violencia sucedidos el día 6 de enero de 2021 en el Capitolio de la capital federal del vecino del norte, no son propiamente un ataque al faro de la democracia en el mundo, como afirman las buenas conciencias y quienes aspiran de una u otra forma al modelo de gobierno del farol del capitalismo, que invariablemente se ha conducido como el policía del mundo, con intervenciones descaradas en las verdaderas democracias que han logrado construir los pueblos del planeta, inundando de guerras la tierra para dar salida a sus excedentes de su producción, apropiándose de las riquezas de los pueblos a los que ha sometido por las malas, suprimiendo los derechos de las minorías en su propio país, excluyendo de la vida social y pública a los migrantes, castigando las voces disidentes, proclive al uso y abuso de la violencia estatal, la segregación, racismo, exclusión y demás linduras que hemos sufrido de los gobiernos del imperio, sean demócratas o republicanos, que hoy no han podido resolver sus diferendos debido a lo anacrónico de sus propias reglas electorales.

Pero lo sucedido nos deja varias lecciones:

Hay una creciente polarización de los votantes norteamericanos por lo tanto, Joseph Robinette Biden Jr., no obstante que es el presidente más votado en la historia de Estados Unidos, deberá de gobernar en dos sentidos: atender las demandas de su base electoral y aplicar políticas que lleven alivio a la golpeada clase media y a los trabajadores en paro, que han sido el terreno fértil donde ha florecido el discurso delirante de Donald John Trump, si busca atemperar la tempestad de la crisis económica y aspirar a un segundo mandato.

La política doméstica sin duda ocupará gran parte de los esfuerzos gubernamentales de la próxima administración estadounidense, atendiendo, entre otros, los temas de migración y la segregación racial en los cuales el gobierno de Andrés Manuel López Obrador debe de estar interesado e impulsar una agenda bilateral que brinde la protección y el reconocimiento de los derechos de los migrantes nacionales, tomando en cuenta que los demócratas tienen mayoría en ambas cámaras y, ahora sí, ya no tiene pretexto para promover la tan anhelada reforma migratoria.

En plano local el hecho que Joseph Robinette Biden Jr. hubiere ganado el voto popular y electoral y las posiciones al Senado en Arizona, debido a la importancia y creciente presencia del voto hispano, marcan un punto de quiebre en la conformación de los segmentos electorales en ese estado, en los cuales cobran presencia nuestros connacionales, estableciéndose nuevas condiciones sociales para que el nuevo gobierno de Sonora reformule las políticas de Sonora con su vecino, rompiendo con las inercias contemplativas, acartonadas y burocráticas desarrolladas a través de la Comisión Sonora-Arizona, implementando políticas más enfocadas a lo sustantivo que a la arista mediática insustancial de la relación; en consecuencia, en el futuro inmediato deberá de desplegarse una política más activa en los temas de interés nacional y local, dando la importancia que tienen los mexicanos en el extranjero, especialmente los del otro lado de nuestra frontera, con los cuales el candidato de Morena ya ha sostenido intercambio de ideas.

 

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