Por Armando Saucedo Monarque  @saucedomonarque    

Para contextualizar mi comentario es necesario hacer una precisión respecto al escenario social en que se ha desenvuelto la relación de los medios de comunicación, sus comentaristas y el gobierno de la cuarta trasformación con el objeto de comprender en la línea del tiempo su desenvolvimiento y posición actual.

De sobra conocido, de sobra vivido es que el Estado mexicano ha sido administrado por una oligarquía producto de la simbiosis recurrente y envolvente del poder político con el poder económico que alcanzó su máxima expresión en el gobierno de Enrique Peña Nieto, quien bajo ese esquema perverso puso en venta de garaje los bienes nacionales al mejor postor y/o a quien ofreciere la mejor comisión o asociación.

El ascenso al poder de Andrés Manuel López Obrador se da en un escenario de hartazgo social que busca el cambio de gobierno en una alternancia, como primer paso a la transición democrática, después de los reprobables resultados del gobierno de Vicente Fox Quesada, al traicionar las esperanzas fincadas en su gobierno como impulsor del desarrollo democrático en el país y, en contrario, convertirse en el artífice de la regresión política en la vida de la república.

Hasta antes del triunfo de Andrés Manuel López Obrador algunos medios de comunicación y comentaristas jugaron un rol importante de denuncia y concientización de la problemática social, dando voz a quienes sufrían de la opresión y represión a la protesta social agitada frente a tantos latrocinios cometidos por la clase política de todos los niveles y los grupos de interés de los más variados y oscuros negocios, era tal la podredumbre que cualquier voz pública se situaba a la izquierda del festín de corrupción, de los negocios privados con los bienes públicos y de la cloaca política, ese panorama permitió a diversos personajes alcanzar cierta celebridad y prestigio como críticos del régimen prianista pero sin llegar a romper con la institucionalidad, pues ellos formaban y forman parte de esa superestructura social ya que, al final del día, son producto de las mismas circunstancias que cuestionan y de las cuales se asumieron como la consciencia critica para encontrar su razón de ser.

Estrellas de ese firmamento en su momento lo fueron José Cárdenas, Eduardo Ruiz Healy, Ciro Gómez Leyva, Carlos Ramírez y Carmen Aristegui, entre otros, quienes ganaron autoridad con base en sus criticas abiertas al régimen de corrupción, opacidad y represión, y por la inclusión en sus espacios de voces críticas al estado de cosas que se vivieron en determinados momentos de la vida nacional; es más, algunos de ellos en su momento fueron perseguidos y hostilizados por el régimen por ser acompañantes de una sociedad que se movía a la izquierda de la institucionalidad, del poder, de ahí su capacidad de interlocución social.

Sin embargo, la alternancia en el poder que se da con la llegada de la cuarta transformación al gobierno de la república los agarró con las manos tras la puerta y han sido incapaces, cuando menos, de estar en sintonía  con el cambio social, ubicándose por sus contenidos y voces a la derecha de la transformación que se produce en el país que, con todo y las dificultades que se presentan, va por el sendero del cambio porque esas voces que se consideraban las conciencias sociales, lo eran cuando el panorama político lo dominaba un clase política corrupta, opaca y represiva resistente a cualquier cambio, incluso el promovido desde una mirada de la derecha nacional, pero hoy las cosas han cambiado y la comentocracia no está ya frente a un gobierno despótico y corrupto y sin embargo sus espacios se han convertido en la tribuna de la clase política desplazada que alza la voz como si la tuviera completa, sin cola que le pisen, para apoyar directa, indirectamente o de manera furtiva la vuelta de los caballos del apocalipsis montados por el PRI, PAN y PRD, sin el menor cuestionamiento sobre sus cuentas pendientes, su oscuro pasado o sus latrocinios; en consecuencia, no entienden que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador pretende romper los moldes de la corrupción institucional y que sus opositores no son actores políticos, son políticos delincuentes.

En el caso del programa @AristeguiOnline conducido por María del Carmen Aristegui Flores @aristeguicnn, por años conocida como una de las voces críticas del sistema, anidó en su nicho informativo opositores abiertos a los gobiernos del PRI o del PAN, aunque éstos hubieren sido colaboradores de ellos en distintos momentos, de tal manera que son producto de esa institucionalidad fallida y por lo tanto, su matiz ideológica está dentro de las reglas del sistema, no más no menos, en consecuencia sus intenciones protagónicas han sido que su voz se escuche por los gobernantes, como jilgueros del rey, no tanto que sirvan para apoyar o profundizar un cambio o transformación social, ejemplos patéticos de ello el ex ministro José Ramón Cossío Díaz @JRCossio, Denise Eugenia Dresser Guerra @DeniseDreseerG o Gabriel Reyes Orona, ex procurador fiscal.

El 2018 llegó el triunfo aplastante de Morena, como movimiento social, que puso en jaque a toda la inservible institucionalidad precisamente de aquella de donde proviene la comentocracia, voces críticas y la rancia intelectualidad, a quienes el cambio les huele mal porque viene de debajo de los del montón o de los que menos tienen o de los que nada saben o de los que no respetan las formas, en fin, de aquellos que no hacen las cosas políticamente correctas o se han salido del manual, luego entonces no esperemos jamás que esas voces públicas apoyen el cambio porque son parte de lo que se debe ir,  debe cambiar o debe acabar en tanto se agota totalmente el viejo régimen y surge la democracia como forma de vida social, situación totalmente incomprensible para las buenas conciencias de ayer.

Sin embargo, debemos de recordar que en política no existen vacíos, los huecos sociales que produce el repudio a la comentocracia y que se traduce en la pérdida de sus audiencias, si no son ocupados por voces favorables al cambio democrático serán de nueva cuenta presa de otro tipo de opiniones “neutrales o imparciales”, que en esa dinámica den apertura y auditorio a quienes cuando menos son cómplices por silencio del México que dejaron postrado las políticas neoliberales y los pillos que las instrumentaron, por eso resultaran importantes las políticas de comunicación social del nuevo gobierno del estado y seguir apoyando a medios como éste, abiertos a la pluralidad en el cambio.