Accesibilidad alimentaria en Hermosillo, el camino a la obesidad

La pandemia por Covid-19 ha dejado al desnudo un tema que ya estaba latente pero no era lo suficientemente mediático: la mala alimentación.

Una de las comorbilidades que más ha afectado a los pacientes enfermos del nuevo coronavirus es la obesidad. De acuerdo con el tablero sobre Covid-19, el 20 por ciento de casos confirmados presentan obesidad, y lo más trágico, el 26 por ciento de los fallecimientos tenían sobrepeso.

 Esto ha ayudado a que la tasa de letalidad por el Covid-19 en México, sea de 9.2 por ciento.

No es nuevo el tema, México lleva años siendo el segundo lugar en obesidad de los países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), con un 32 por ciento de obesidad de su población, tan sólo por detrás de Estados Unidos.

El panorama en Hermosillo

En el caso de Sonora, la situación no es muy diferente: según cifras de la Encuesta Nacional y Nutrición (Ensanut), la entidad ocupa el noveno lugar en obesidad de su población, y cuarto lugar en obesidad infantil. 

La obesidad y su relación con las enfermedades como la diabetes, la hipertensión arterial o los padecimientos cardiovasculares, es multifactorial: la desigualdad, la falta de información y cultura, el ritmo de vida moderna; pero también la accesibilidad y la asequibilidad alimenticia, han formado una emergencia de salud pública.

El geógrafo y demógrafo de la Unam,Baruch González Sanginés, desarrolló un estudio demográfico para medir la accesibilidad que se tiene en Hermosillo a la comida chatarra. En dicho análisis, encontró que la capital sonorense cuenta con 2 mil 812 tiendas de abarrotes y mini super’s, por tan solo 185 negocios que venden frutas y verduras. 

La sobreoferta de productos chatarra como papitas, panecitos y refrescos es una de las principales razones que se relacionan con los altos porcentajes de población con sobrepeso. La manera en que grandes industrias de alimentos procesados han llegado a todos los rincones del país ha sido por medio de los micronegocios como tiendas de abarrotes y minisuper’s que en total suman 657 mil unidades económicas en México 

“El trabajo que hice se basa en medir la accesibilidad que se tiene a la comida chamarra. Generalmente, se le carga la responsabilidad al individuo: Como se supone que vivimos en un mundo libre y nadie te impide que compres lo que tú quieras, nosotros somos responsables de nuestra alimentación. El problema es que el  mercado juega a favor de los productos que tienen un proceso más industrializado en su creación. El mercado favorece a esos productos y ahí, la accesibilidad que tiene la población a estos alimentos chatarra es mucho mayor a la accesibilidad que se tiene a alimentos saludables”, advirtió González Sanginés.

Los precios, otro bache en el camino

Otro de los graves problemas es la asequibilidad alimentaria, concepto que se refiere al precio de los productos. Mientras un panecillo o un refresco cuesta alrededor de 12 pesos, la fruta, la verdura o alimentos saludables, han ido incrementando su precio. Esto ha ido convirtiendo a Hermosillo y al resto de ciudades mexicanas en un ‘desiertos de comida’.

“Hermosillo, como casi todas las ciudades del país, son ‘desert foods’, es decir, en un área geográfica extensa no vas a encontrar un negocio que venda comida saludable. Es más fácil encontrar comida chatarra, más barato. No es lo mismo tener libertad para comprar algo, a tener accesibilidad alimentaria”, lamentó el especialista.

En los estatutos de la Organización Mundial de la Salud, señalan que la comida saludable se tiene que convertir en la opción más accesible, asequible y disponible en los países, mientras esto no ocurra, el combate contra la obesidad y el resto de enfermedades asociadas con este padecimiento.