Clasismo exacerbado: la diputada panista de castillos y palacios de oro

Los apelativos “Castell De Oro Palacios” de la diputada federal panista María Teresa no podían ser más acordes con el clasismo que ostenta.

Con relación al comportamiento de las personas, los apellidos son arbitrarios. Un parangón de este aserto es la arbitrariedad del signo lingüístico: los términos “mesa”, “table” y “bureau” son significantes arbitrarios; remiten a un mismo objeto, pero el vocablo para designar a éste varía según la lengua, pues el término no entraña la cosa en sí.

Así con los apellidos: ninguno define a las personas, por más que quienes deseen mostrar su desprecio hacia alguien que se apellida López Obrador utilicen el apelativo paterno para saciar sus ansias de discriminación, sostenidos en el prejuicio elitista de que quien se apellida así es gente común, “del pueblo”, como si eso se tratara de algo vergonzoso.

Aun con ese convencimiento, hay tentaciones que nos incitan a otorgarnos ciertas licencias. Así, los apelativos “Castell De Oro Palacios” de la diputada federal panista de nombre María Teresa, no podían ser más acordes con los valores y posicionamiento ideológico clasista que ostenta y manifiesta, según se infiere de la participación de la legisladora en la discusión de la miscelánea fiscal hace un par de días en el Congreso de la Unión.

1.- Gobierno de oro, gobierno empresarial.

Para De Oro, ser justos en la recaudación fiscal no tiene relación con el combate a la corrupción, con el piso parejo en el recaudo ni con el uso social y equitativo de los impuestos, sino con la “chequera del país”. Así se infiere de su ostensible jerga empresarial, al hablar del gobierno como si fuera una entidad bancaria o corporativa:

“¿Realmente quieren saber cuál es el meollo de todo esto? Es la recaudación. Tomando la chequera del país como si fuera suya”, dijo.

Todo lo reducen a eso, al dinero, pero al que han perdido por las nuevas políticas de la Cuarta Transformación, no al que es invertido en los programas sociales o en obras de infraestructura de utilidad pública, que para ellas y ellos es inexistente porque benefician a quienes son inferiores o no valen nada.

2.- Los palacios y los mendigos.

Hablar del presidente y de sus seguidores y afines como hambreados, remite a la figura alegórica del palacio real y los mendigos que lo rodean buscando, desde extramuros y rincones, caridades o limosnas. La diputada Palacios habla desde la superioridad del hartazgo calórico -como el que tenía lugar en los antiguos banquetes romanos, caracterizados por el exceso, la ostentación y el derroche-, que tiene lugar en las alturas de las torres, desde cuyas ventanas puede observar con desprecio a los súbditos famélicos. Así lo expresó:

“Hambreados igual que su presidente. (…) Un gran hambreado que no para de tragar y tragar y tragar el dinero de los mexicanos”.

En franca proyección de lo que de verdad hicieron miembros de los dos partidos políticos anteriormente más poderosos, el PRI y el PAN, al desfalcar las arcas nacionales como resultado y expresión de la voracidad por el dinero, la legisladora invierte a los protagonistas y osa endilgar precisamente a los encargados de enderezar los entuertos por ellos causados, los vicios de los que han hecho gala.

3.- El castillo de la humillación.

No se le ocurrió a la diputada Castillo (Castell) otra manera de confrontar a sus oponentes que la fantasía de la humillación. No pudo evitar que de sus aureolas de supremacía emanara el deseo monárquico y religioso del “besado del piso” por el que transitan quienes portan la corona y el cetro, es decir, ellos, los neoliberales, según ella misma nombró al sector del que forma parte.

“Deberían de estar besando el piso que nosotros pisamos, así de simple”, dijo, después de declarar, haciendo alarde de una vergonzosa ignorancia, que el recinto legislativo (castillo para ella) “se creó gracias al gobierno neoliberal…” (sic).

Finamente, no se trata de la diputada en sí; después de todo ella es una persona entre millones. Lo significativo radica en quienes se sienten representados por ella como tal, en su pensamiento y valores. Sin embargo, se trata, afortunadamente, de una minoría incapaz de dar marcha atrás a la Cuarta Transformación, justo porque menosprecian a quien decide, es decir, al pueblo.