El cuerpo y las olas: feminismo en Sonora

La historiadora mexicana, Gabriela Cano, señala que hay tres olas del feminismo. En Sonora, esta clasificación puede ser reduccionista.

Una ola es una onda de gran amplitud que se forma en la superficie del agua a causa del viento o las corrientes
marinas. También es la metáfora que segmenta la historia del movimiento feminista. El vaivén y la capacidad de generar cambios. La historiadora mexicana, Gabriela Cano Ortega, señala que hay tres olas del feminismo:

  1. La primera gira en torno a la lucha por el sufragio femenino.
  2. La segunda buscaba el reconocimiento al valor económico del trabajo doméstico, la igualdad de salarios y la despenalización del aborto.
  3. En la tercera ola se ha hecho una crítica al universalismo por no tomar en cuenta la especificidad cultural de los sectores o países más marginales, así como las identidades no heterosexuales y las diferencias socioeconómicas. 

En México y en Sonora, sin embargo, estas clasificación puede ser algo reduccionista. El sufragio femenino se consiguió hasta 1953, año donde por fin se le concedió la ciudadanía a la mujer. Si pudiéramos construir nuestra propia metáfora, veríamos al feminismo desde su propio cuerpo: la libertad que han ganado a través de esta lucha que traspasa generaciones y que está en uno de sus momentos más álgidos.

Lucha y subversión

La disidencia política e ideológica en México tiene una leyenda negra: desde el Estado se ha buscado invisibilizar
todos estos movimientos que surgieron desde la esperanza de cambiar la realidad material de los mexicanos. En
1968, el movimiento estudiantil sacudió todo el mundo. La académica y fundadora de la asociación “Libertas”,
Mireya Scarone, fue una de las mujeres que rompieron el molde en Sonora.

“En aquel tiempo no se llamaba feminismo, en el movimiento estudiantil pese que ya había participación, las
mujeres no eran reconocidas ni había liderazgos. Pero ya empezaba a haber pláticas y diálogos, por ejemplo,
María Elisa Villaescusa y Susana Vidales tuvieron un programa radiofónico en la Universidad donde hablaban de
los derechos de las mujeres en las maquiladoras, ese fue un precedente”, explica la académica.

Fue en 1976, con la creación del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT) que empezó a impulsarse
una agenda feminista con más peso. El partido dentro de su acta tenía políticas feministas:

“Nosotras éramos mujeres muy leídas, escribíamos de lo que pasaba, leíamos a Kate Millet, Simone de Beauvoir
y empezamos a salir a campos a los que teníamos afinidades. Yo por ejemplo fui al terreno sindical, Patricia
Alonso al campo. Lo hacíamos para difundir el feminismo y las demandas en otros sectores”, narra Scarone.

No fue fácil. En esos tiempos, definirse como feminista, o trostskista o marxista-anticapitalista, era una invitación para ser detestado por una sociedad profundamente conservadora:

“Éramos repudiadas, nos decían lesbianas, prostitutas, subversivas por no estar dentro de los cánones de lo que
se suponía era una mujer. Pero no nos importó, seguimos construyendo una conciencia de que las mujeres tienen derechos. Nuestras demandas eran el control de nuestro cuerpo y el ejercicio libre de la sexualidad, la
despenalización del aborto y había un cuestionamiento muy fuerte a la doble jornada laboral”, rememora la
activista.

La multiplicidad de los feminismos

Una de las grandes virtudes del feminismo es su heterogeneidad: no hay un sólo feminismo. Caben todos. Y esto
se ha ido. El fractal de los diversos feminismos es muy amplio y se encuentra en un constante proceso dialéctico.
Del feminismo sufragista que fue criticado por la escritora y filósofa Angela Davies por considerarlo racista, hasta la interseccionalidad. Todo entra en el feminismo:

“El feminismo tiene muchas formas. Nosotras veíamos que el capital hacía una simbiosis con el capital y uno no
puede vivir sin el otro. Hay muchos tipos de feministas: después de las sufragistas, salen los textos de Angela
Davies que habla desde el feminismo negro que vino a cambiar muchas cosas. Pero todos confluyen,” explica
Scarone.