El paso de Ernesto Gándara por el Senado

Por Mario Campa Ernesto Gándara acusó en el programa de radio de Juan Carlos Zúñiga una “campaña negra” en su contra ante cuestionamientos a su manejo de la deuda al frente del Ayuntamiento, exhibiendo baja tolerancia a la crítica. Esta columna…

Por Mario Campa

Ernesto Gándara acusó en el programa de radio de Juan Carlos Zúñiga una “campaña negra” en su contra ante cuestionamientos a su manejo de la deuda al frente del Ayuntamiento, exhibiendo baja tolerancia a la crítica.

Esta columna se rige por la tiranía de los datos. Y bajo esa lente analizará el paso de Gándara por el Senado en el periodo 2012-2018, que coincide con el sexenio de Enrique Peña Nieto. Que disculpe el candidato las molestias, pero la democracia se construye debatiendo.

El archivo histórico del Senado permite rastrear trayectorias legislativas. Es un instrumento imprescindible para someter a los candidatos a la rendición de cuentas. El historial de Gándara como senador es particularmente relevante para la gubernatura si consideramos que López Obrador consiguió en Sonora un 59.7% de los votos, seguido de Meade (16.6%) y Anaya (15.3%).

Los números del Congreso muestran que Gándara participó en 1,674 votaciones en las Legislaturas 62 y 63. Votó 1,272 veces a favor; se ausentó en 320; estuvo en comisión oficial en 69, y sólo emitió trece sufragios en contra, sin abstención alguna.

La primera observación decepcionará a los votantes independientes y apartidistas: En las únicas trece veces que votó en contra, siempre se subordinó a la línea que marcó el PRI. Destacan las tres votaciones del 23 de octubre del 2012 contra modificaciones a la Ley del Trabajo y las cuatro de julio 19-21 contra iniciativas alternas de la oposición a la reforma energética de Peña Nieto, misma que eventualmente avalaría Gándara. Fue un soldado del partido de cabo a rabo.

El elector obradorista también sufrirá decepción: Gándara aprobó todas las reformas contra las que hizo campaña presidencial López Obrador. Ernesto votó el 20 de diciembre del 2012 la reforma educativa que estigmatizó a la profesión docente. Del 4 al 6 de agosto validó la reforma energética que le mereció el título de “traidor” a los ojos del entonces líder de la oposición. El 31 de octubre votó a favor del déficit y el endeudamiento de Peña Nieto. El 26 de octubre del 2016 aprobó la Ley de Ingresos y las modificaciones al IEPS que anunciaban los gasolinazos del 2017.

En febrero del 2016 Gándara fue nombrado presidente de la Comisión de Seguridad Pública del Senado. Su llegada coincide con el repunte de la delincuencia al final del sexenio, tanto de homicidios dolosos como de incidencia delictiva. Ernesto, proclive al silencio, nuevamente acató la línea partidista  y desde el Congreso respaldó la estrategia.

Ernesto Gándara rastreó como girasol a Peña Nieto, el presidente más rechazado en la historia reciente con una aprobación colapsada al 15% en pleno hartazgo generalizado.

Su historial legislativo presume una lealtad incondicional a las élites partidistas. Sus antecedentes alertan que el PAN y el PRD corren riesgos de servilismo forzado si Gándara espera la mimetización de su paso por el Senado.

Nadar de muertito podrá ser fácil desde una cómoda curul, pero el siguiente gobernador enfrentará retos mayúsculos ante el rampante endeudamiento estatal, el estancamiento económico, el deterioro del Estado de Derecho y la falta de proyectos estratégicos. Nadar de muertito no alcanzará esta vez.