Hermosillo: pérdida de espacios públicos e identidad

La importancia de los espacios públicos radica en su función social: desde la creación de una identidad colectiva hasta la recreación.

Hagamos un ejercicio de imaginación y tomemos como punto de partida el axioma con el que Petr Handke,  ganador del Premio Noble de Literatura,  construyó su obra narrativa: “Veamos al mundo como si fuera la primera vez”.  Hagamos un recorrido por las calles de Hermosillo: ¿qué vemos? ¿qué sentimos? ¿qué experimentamos? ¿A dónde vamos a pasar el tiempo? 

“Hermosillo es feo… es hostil para sus propios ciudadanos, no es la ciudad que imaginamos. En términos sociales, Hermosillo no es una ciudad que ofrezca mucho a dónde ir, a dónde ver, en dónde desahogarnos”. Señala con melancolía Joel Montoya, miembro del colectivo social Corredores Biológicos.

En los últimos años, Hermosillo ha ido perdiendo paulatinamente espacios públicos, centros de convivencia social, áreas verdes y ese lugar lo han utilizado construcciones comerciales que hacen que la cartografía urbana sea de una estética monótona y violenta visual y auditivamente hacia sus propios habitantes.

La importancia de los espacios públicos radica en su multifunción social: desde la creación de una identidad colectiva hasta espacios de recreación, su accesibilidad permite a todos los ciudadanos la facilidad de transitar por ellos y es uno de los valores fundacionales en la que se construye la ciudad.

Liz Ileana Rodríguez, doctora en Economía por el Colegio de Sonora (Colson), señala que Hermosillo es una ciudad nacida bajo un modelo monocéntrico, es decir, que su concepción parte de un centro que aglutinaba todo el poder político, religioso y económico y que conforme uno se iba alejando de ese punto, iba disminuyendo el valor de estos poderes. 

Sin embargo, la geografía urbana ha ido dando paso a un proceso de mimetización con modelos de ciudad estadunidenses, generando problemas como saturación en el parque vehicular, expansión de una mancha urbana amorfa y abandono de estos espacios públicos.

Los datos alarmantes

El panorama es grave. La Organización Mundial de la Salud (OMS), en las ciudades debe haber 9  m²  de áreas verdes por habitante. En Hermosillo, esa proporción se reduce drásticamente a la mitad. Son 4.5 de m² por habitante.

“De tener la intención de ser una ciudad jardín, hemos pasado a ser una ciudad muy orientada a los cochistas, a los conductores de automóviles. Ese cambio ha ido quitándole cambio a las banquetas, a los espacios públicos”, indica la académica.

Las causas de esta decadencia en la cartografía urbana de Hermosillo son variadas. Joel Montoya explica que se trata de un problema estructural que tiene que ver con la especulación inmobiliaria y con una lógica depredadora del capital y del libre mercado. 

“El abandono institucional y la rendición a la lógica del dinero y la especulación inmobiliario ha hecho que despojen a la ciudadanía de sus espacios públicos. Si comparamos con el pasado, veremos que en Hermosillo teníamos muchas áreas verdes, espejos de agua, lugares para salir y convivir. Hoy no tenemos nada, mira la tragedia de lo que ocurrió con La Sauceda”, cuestiona el activista.