La evolución del tablero político sonorense

Por Mario Campa El domingo 13 de junio Alfonso Durazo recibió el acta que lo acredita como gobernador electo. Triunfó con solvencia. Los más de dieciséis puntos de ventaja sobre el rival arrojan el mayor margen de victoria en los…

Por Mario Campa

El domingo 13 de junio Alfonso Durazo recibió el acta que lo acredita como gobernador electo. Triunfó con solvencia. Los más de dieciséis puntos de ventaja sobre el rival arrojan el mayor margen de victoria en los últimos 30 años. Estamos en presencia de una realineación de fuerzas. El tablero político sonorense evoluciona rápido y los jugadores deben estar a la altura.

Morena Sonora tendrá el reto de demostrar que puede gobernar el estado. Tendrá a su favor la aprobación presidencial, pero su principal desventaja será la falta de cuadros natural a cualquier partido de reciente creación. Esa carencia de recurso humano podría aumentar la necesidad de recurrir a manos inexpertas para llenar puestos técnicos de alta exigencia. Como alarmante antecedente, Claudia Pavlovich repartió el Gobierno estatal entre sus fieles de campaña; el experimento de asignar la Secretaría de Salud a su encargado de finanzas o las secretarías de Economía y Hacienda a dos elementos muy ajenos al debate de la política económica subnacional engendró una curva de aprendizaje onerosa y mermó la visión de largo plazo. Transcurridos seis años, escasean funcionarios sobresalientes: Síntoma inequívoco de un yerro sistémico.

El PRI tendrá que replantear los términos de su alianza con el PAN. A nivel nacional, el gran perdedor de la jornada electoral fue el otrora partido hegemónico: Cedió las ocho gubernaturas que tenía y apenas aumentó sus curules en San Lázaro atribuible a la aritmética aliancista antes que a la intención de voto pura y dura. En lo local, queda como interrogante si los diputados locales del PRI y del PAN actuarán en abierto bloque opositor. Esa estrategia miope podría frenar iniciativas incómodas, pero ello invariablemente traería como consecuencia que la frontera programática entre los dos partidos continúe diluyéndose a costa de la identidad.

El PAN intentará refugiarse en Hermosillo, donde derrochó sinsabores en los últimos gobiernos que encabezó. Alejandro López Caballero y Javier Gándara son corresponsables del ingente endeudamiento de la capital y de su crecimiento urbano desparramado. Encima, entregaron malas cuentas en recaudación propia municipal y en calidad de los servicios públicos. Si Antonio Astiazarán fija agendas que no corresponden a la realidad hacendaria que atraviesa el ayuntamiento y desestima las grandes prioridades sociales, el resultado podría condicionar aún más la provisión de bienes públicos esenciales como seguridad, cohesión social, áreas de esparcimiento e infraestructura vial no vehicular.

Las llamadas “cuartas fuerzas” buscarán demostrar que sus agendas minoritarias pueden convertirse en mayoría legislativa si logran construir coaliciones amplias donde coinciden con Morena. El Verde tiene una oportunidad única para fortalecer la agenda medioambiental si deja atrás la politiquería; Movimiento Ciudadano podría impulsar desde lo local su plataforma progresista nacional si entierra el fiasco boursista, y el Partido del Trabajo podría legislar a favor de los sueldos de la base social si calma sus perennes ansias de protagonismo antagónico.

En política hay que lidiar con cosmovisiones en permanente conflicto. Lograr acuerdos y resolver problemas es más arte que ciencia, pero el abuso de mezquindades puede cobrar factura a los recién electos y sus representados. Hay que tatuarle a cada uno de los integrantes de la clase política emergente que el interés general va de por medio.

*El autor es asesor independiente, especialista en finanzas internacionales y política económica. Tiene estudios en el ITAM y la Universidad de Columbia, y colaboró con el Ministerio de Hacienda de Chile. Artículo autorizado por su autor para publicarse en Sonora Inclusiva.