La Gobernadora de la Inseguridad

Por Mario Campa La Gobernadora será recordada por haber entregado las peores cuentas en materia de seguridad en la historia reciente de nuestra entidad. El asesinato de Abel Murrieta fue la gota que derramó el vaso. Sonora no aguanta más.…

Por Mario Campa

La Gobernadora será recordada por haber entregado las peores cuentas en materia de seguridad en la historia reciente de nuestra entidad. El asesinato de Abel Murrieta fue la gota que derramó el vaso. Sonora no aguanta más.

Lo que vendrá es previsible. Escucharemos una retahíla de excusas y atestiguaremos el rutinario lavado de manos hasta los últimos días del sexenio: “La culpa es de los municipios y del Gobierno federal”. Como en el bloqueo carretero, como en el turismo desaprovechado, como en la falta de infraestructura, como en la pavimentación, como en La Sauceda y el Isssteson… la receta seguirá intacta: Esperar a que el E.S. sofoque los incendios hasta que el calendario se agote.

El actual Gobierno estatal simplemente se desentendió de la inseguridad por miedo o incapacidad; fracasó sin matices. Los datos son elocuentes. Mientras la percepción ciudadana de inseguridad (cifras del Inegi) y la incidencia delictiva (datos del Secretariado Ejecutivo aportados por las mismas entidades) descienden a nivel nacional, en Sonora galopan y ganan nuevas alturas, tendencia puesta en marcha mucho antes de que el relevo federal se convirtiera en un conveniente chivo expiatorio. El mismo Abel Murrieta lo denunció una y otra vez.

El sombrío diagnóstico es multifactorial. En primer lugar, abundan las quejas sobre la inasistencia de la mandataria estatal a las Mesas de Seguridad: Sólo ha participado en seis de las 87 sesiones registradas este año. ¿Culparán al horario?

En segundo lugar, resalta la pasividad de la fiscal. Sólo ante un atentado mediático los sonorenses pudimos ver aquel rostro otrora ausente cuando de gente anónima, de gente de a pie, se trató. ¿Culparán al clima?

En tercer lugar destaca la precaria Policía Estatal. Es inaceptable que Sonora haya reportado al Secretariado Ejecutivo y al Programa de Modelo Óptimo de la Función Policial sólo 923 elementos en nómina al 31 de diciembre del 2020. Los 0.3 policías estatales por cada mil habitantes nos situó en la deshonrosa posición 30 de 32 entidades y lejísimos del estándar internacional de 2.8 que sólo alcanza la casualmente pacífica Ciudad de México (4.4). Sonora, además, destaca negativamente en la institucionalización de un Servicio Profesional de Carrera policial, careciendo actualmente de un catálogo de puestos, de manuales de organización y procedimientos y de un concurso anual de ascensos -cuando catorce entidades cumplen con todo estándar-. ¿Culparán a la asfixiante deuda estatal que ellos mismos alimentaron?

En cuarto lugar brillan las causas que cultivan crimen. Según el último informe del Coneval publicado hace tres semanas, Sonora fue la única entidad, junto a Baja California, cuyo bienestar retrocedió en los últimos 20 años. De 2000 al 2020, Sonora pasó de un Índice de Rezago Social “Muy Bajo” a simplemente “Bajo”, mientras siete entidades avanzaron de etiqueta y 23 conservaron categoría. ¿Culparán a Donald Trump?

Sonora no aguanta más la inercia y el empoderamiento del grupúsculo enquistado. Los Beltrones, Padrés, Pavlovich, Bours y Gándara deberían ser los primeros en dar un paso al costado por autocrítica y decencia. Vamos en retroceso y su ceguera de taller sólo estorba.

Quienes nos empujaron al borde del vacío son los menos indicados para conservar las riendas del Gobierno estatal. Deben marcharse.

*El autor es asesor independiente, especialista en finanzas internacionales y política económica. Tiene estudios en el ITAM y la Universidad de Columbia, y colaboró con el Ministerio de Hacienda de Chile. Artículo autorizado por su autor para publicarse en Sonora Inclusiva.