Para entender los salarios mínimos, con nuevas peras y manzanas

Por Luis Felipe Munguía* Hace unos días escuché un podcast que hablaba sobre los efectos del salario mínimo en el empleo y los precios. Querían explicar con peras y manzanas temas de economía. Lamentablemente, cuando se consideran modelos básicos de economía, la…

Por Luis Felipe Munguía*

Hace unos días escuché un podcast que hablaba sobre los efectos del salario mínimo en el empleo y los precios. Querían explicar con peras y manzanas temas de economía. Lamentablemente, cuando se consideran modelos básicos de economía, la explicación se queda corta al contrastarse con el mundo real.

Muchos economistas mexicanos aún asumen que el mercado laboral se encuentra en competencia perfecta; bajo los supuestos de este modelo tradicional, incrementos en el mínimo generan “distorsiones”. Nada más alejado de la realidad.

Para que los mercados laborales sean perfectamente competitivos el salario debe ser igual a la productividad, las empresas no elijen qué salario pagar, los trabajadores puedan cambiar libremente de empleo y deben tener preferencias idénticas. Debido a que este mercado tiene un salario de equilibrio, incrementar el mínimo produce desempleo (una distorsión), ya que se asume que las empresas contratan cierto número de trabajadores con un salario de equilibrio y una productividad homogénea.

¿Ocurre esto en realidad? En varios países los incrementos del mínimo no han tenido efecto en el empleo, pero han aumentado el salario promedio sin que ocurra la “distorsión” del modelo de competencia perfecta. La explicación se puede dar desde el modelo de “monopsonio”, donde los trabajadores no siempre pueden cambiar de empleo y tienen preferencias diferentes, las empresas eligen el salario que pagan y no existe un único salario de equilibrio.

A diferencia de los monopolios, donde sólo existe una empresa que vende cierto producto por el que cobra precios más elevados que los de equilibrio, en el monopsonio existe un solo comprador, en este caso una empresa que compra todo el trabajo y puede pagar salarios por debajo de los de equilibrio. Esto puede ocurrir no sólo porque haya pocas empresas demandando trabajo, también por otros factores como contratos que obstaculicen la libre movilidad de trabajadores, desempleo alto, etcétera. Todo lo que afecte la oferta de trabajo y la vuelva menos “libre” en sus decisiones, vuelve al mercado laboral más monopsónico.

A mayor poder del monopsonio, más amplia la brecha entre productividad y salario promedio, es decir, los trabajadores reciben un sueldo por debajo de lo que contribuyen. Con datos del INEGI, de 1980 al 2019 la productividad en México se incrementó 192.8%, y los salarios promedio reales cayeron 10.6%, indicando un alto grado de concentración en mercados laborales.

Otra forma de la concentración es revisar cuánto del valor agregado se paga al capital (ganancias de empresas) y cuánto al trabajo (salario de trabajadores). La mayor parte se paga usualmente al trabajo, que produce la mayor parte del valor (salvo algunas industrias con altos niveles de automatización). En los países de la OCDE en promedio se retribuye 70.8% al trabajo y 28.4% al capital. En México se paga 33.1% al trabajo y 65.8% al capital sin ser un país con alta automatización, lo que nos dice mucho del grado de monopsonio que existe y lo reprimidos que están los salarios.

Así, en un mercado monopsónico si el incremento lleva al salario mínimo a estar todavía por debajo del salario de equilibrio, el empleo se incrementa. Las empresas tratan de minimizar el efecto en sus costos laborales produciendo más, contratando más trabajadores, pero si el incremento es muy alto, puede haber efectos negativos en el empleo.

Una conclusión es que el salario mínimo puede servir para solucionar las distorsiones en un mercado, lo opuesto a lo que usualmente se cree. Entre más acerquemos el salario promedio al de equilibrio, el mercado se vuelve más eficiente, ya que se produce más, con salarios más altos.

En México el salario mínimo aumentó al doble en 2019 en la Zona Libre de la Frontera Norte. La Conasami analizó los efectos en el empleo y arrojó que esta alza no tuvo impacto en el mismo, pero sí uno significativo en el salario promedio; sin embargo, la identificación del efecto es menos clara debido a los efectos de la pandemia.

Es muy importante seguir discutiendo este tema, pero es importante hacerlo con un marco teórico amplio y moderno. Es increíble que después de casi 30 años desde que se desacreditó el modelo de competencia perfecta para estudiar este fenómeno, se siga tomando como válido. La discusión no está en si el salario mínimo debe subir o no, sino en cuánto y qué tan concentrado está el mercado laboral.

*Presidente de la Comisión Nacional de Salarios Mínimos (Conasami) de México. El autor otorgó permiso para que su artículo se publicara en Sonora Inclusiva, el cual también fue divulgado en El Financiero