PRI y PAN: Delicada Operación Cicatriz

Por Mario Campa El dirigente estatal del PRI Sonora, Ernesto de Lucas, trastabilló la semana pasada. El intento de cicatrizar el rechazo provocado por la alianza PRI-PAN le llevó a declarar que las diferencias entre ambos partidos siempre han sido…

Por Mario Campa

El dirigente estatal del PRI Sonora, Ernesto de Lucas, trastabilló la semana pasada. El intento de cicatrizar el rechazo provocado por la alianza PRI-PAN le llevó a declarar que las diferencias entre ambos partidos siempre han sido meramente electorales y “jamás han sido ideológicas”.

Sus palabras irritaron a las bases panistas. No es para menos: El antagonismo histórico al PRI parece súbitamente olvidado. Más allá del traspié, el dirigente dio en el clavo, siendo más de uno incapaz de distinguir las diferencias ideológicas. La inclemente coyuntura ha ido devorando el fondo, anteponiendo como forma derrotar a Morena.

La Operación Cicatriz puso de relieve la disociación entre los intereses de la élite partidista y las bases. El intento de mezclar y revolver a las militancias busca tersar viejas heridas, pero corre el riesgo de diluir la mística de partido y de cortocircuitar al elector. Lo confirman las encuestas: Uno de cada tres simpatizantes del PRI y del PAN nunca votaría por el otrora némesis. Subestiman incluso el éxodo ya materializado de simpatías.

Cómo olvidar aquella rueda de prensa de Claudia Pavlovich cuando fue acusada por el Comité Estatal del PAN de actos de corrupción, tras los audios filtrados por el diario Reforma (2015): “A diferencia de ellos [PAN] yo no pido moches”, declaró mientras condenaba el “espionaje telefónico y las calumnias” de Acción Nacional y su candidato a la gubernatura, Javier Gándara.

El clima de polarización visto en la elección del 2015 fue diluyéndose, conforme cientos de políticos perdieron su trabajo en el 2018. La irrupción de Morena sacudió el tablero electoral y las élites partidistas se vieron forzadas a entrar en modo supervivencia.

Pero la relación de subordinación hoy percibida por el panismo sonorense ha causado revuelta interna. La fuga de militantes continúa y las inconformidades alarman. Como muestra, Javier Neblina, ex diputado federal panista, tuiteó el 17 de diciembre: “La verdad es que a mí sí me da mucha penita que el PAN vaya de la mano con el PRI, para empezar tendría que pedirles perdón por todo lo que les he dicho en los últimos 25 años”.

El malestar de los simpatizantes panistas causará merma electoral. Un porcentaje de inconformes con la candidatura de Ernesto Gándara será desmovilizado o anulará, otro transferirá su voto al aliado circunstancial (MC) por afinidad ideológica y una fracción votará por Alfonso Durazo como castigo a Claudia Pavlovich.

Los problemas para el panismo sonorense persistirán. Aunque algunos de sus líderes logren colarse por la ruta plurinominal o incluso formen gobiernos aliancistas, el partido mandará señales contradictorias. Perderá también la oportunidad de proyectar cuadros emergentes por la unificación de candidaturas. Encima, posibilita que cualquier crecimiento de Ricardo Bours relegue al PAN a un cuarto lugar estatal, ya visto en Jalisco y latente en Nuevo León.

La cúpula panista giró la ruleta. Si la alianza cae, la presión provocará la renuncia de la dirigencia. Si triunfa, el partido tendrá que sobrevivir como fuerza minoritaria y paralelamente intentar renovar el desgastado sello partidista, cada vez más cuesta arriba conforme su identidad desvanece.

Cuando las élites condenan a la militancia a tragar sapos, la amenaza de fuga masiva escala.

*El autor es asesor independiente, especialista en finanzas internacionales y política económica. Tiene estudios en el ITAM y la Universidad de Columbia, y colaboró con el Ministerio de Hacienda de Chile.
*Artículo autorizado por su autor para publicarse en Sonora Inclusiva.