Suave matria. “Especialistas de la palabra” que desdeñan la palabra

Por Beatriz Aldaco El 3 de diciembre de 2011 supimos que Enrique Peña Nieto no sólo no era un gran lector, sino que, como precandidato a la presidencia de la república, no consideraba necesario prepararse para las eventuales preguntas que habría…

Por Beatriz Aldaco

El 3 de diciembre de 2011 supimos que Enrique Peña Nieto no sólo no era un gran lector, sino que, como precandidato a la presidencia de la república, no consideraba necesario prepararse para las eventuales preguntas que habría en un foro, la Feria del Libro de Guadalajara, cuya naturaleza es muy precisa: bibliográfica, literaria, histórica, cultural. La arrogancia y los aires de superioridad y triunfo anticipado que caracterizaban el desempeño de los presidenciables priistas, se interpusieron a la sensatez, el cálculo y la inteligencia. Se puede y se vale no ser especialista en todo, lo que no es viable es dejar las cosas al azar, como fue el caso.

Y entonces, quienes reprobamos y criticamos tal conducta recurrimos al escenario específico de la declaración y citamos textualmente las palabras expresadas por el candidato a partir de un video ampliamente difundido que no dejaba lugar a dudas sobre lo acontecido. Acudir y retomar la fuente directa fue necesario para bordar nuestras opiniones y comentarios.

El martes 13 de abril de 2010, en comparecencia ante el Senado de la República, el entonces secretario de la Defensa Nacional, general Guillermo Galván Galván, defendió la estrategia del gobierno mexicano contra el crimen organizado, en concreto la permanencia del ejército en las calles para combatir el tráfico de drogas, a lo que agregó lo siguiente: “A pesar de la muertes de civiles -niños, jóvenes estudiantes y adultos- en los enfrentamientos entre las fuerzas armadas y el crimen organizado, la estrategia se  mantendrá, son daños colaterales que son lamentables” (cf. Víctor Ballinas, “Muertes civiles en el combate al crimen, ‘daños colaterales’: Galván”, La Jornada, 13 de abril de 2010, http://www.jornada.unam.mx/2010/04/13/politica/005n1pol], fecha de consulta: 21 de agosto de 2015).

Felipe de Jesús Calderón Hinojosa nunca pronunció la expresión “daños colaterales” que se le ha adjudicado cientos de veces. Es responsable de cosas peores, por supuesto, comenzando por nunca haber desmentido al general Galván, con lo que tácitamente avaló su dicho y su postura ante el conflicto histórico generado en el marco de su mandato. Tardaremos mucho tiempo en recuperarnos del desastre que generó su estrategia al convertir al país en un cementerio de civiles y otros sujetos trágica e injustamente caídos.

La parte más deleznable de la declaración del general fue el haber puesto por delante a niños y a jóvenes como quienes habrían de encarnar esos “daños colaterales”. Sencillamente escalofriante. Pero quizá aún más espeluznante fue la expresión del propio Calderón sobre la matanza de Villas de Salvárcar, ocurrida el 30 de enero de 2010 en Ciudad Juárez, Chihuahua, en la que fueron asesinados 15 jóvenes y varios más resultaron heridos, entre ellos varios menores de edad, al espetar, mientras se encontraba en una gira por Japón, que a los jóvenes “si los mataron es que en algo andaban”.

Recurrir a las fuentes primarias en la enunciación de discursos es un requisito metodológico que se enseña en la escuela desde el nivel medio y medio superior, si no es que desde la educación primaria. El periodismo es una de las disciplinas en la que más debería acatarse tal exigencia, dado su relevante impacto en la formación de opinión pública y el deseable peso que debe tener en ésta la veracidad. En el ejercicio individual en redes sociales, lo relativo a este punto es una decisión de cada usuario, según la seriedad y el rigor que se pretenda imprimir a las propias participaciones.

En los sexenios anteriores era difícil tener acceso al pensamiento y posicionamiento puntual del mandatario en turno ante los problemas nacionales. El abismo entre pueblo y gobierno, ejemplificado en el excesivo resguardo y cuidado de la figura presidencial a quien escasas veces se le podía escuchar sin teleprónter de por medio o fuera de los acartonados discursos aprendidos, como los oficiales de rutina cada año, impedía ese conocimiento. Las declaraciones citadas de Calderón y Peña Nieto fueron coyunturales, frases escapadas a la protección exagerada y al cúmulo de blindajes ante todo aquello que saliera de sus bocas.

Pero resulta que ahora las cosas cambiaron. No hay manera de soslayar que la comunicación desde la presidencia se ha transformado radicalmente, que las conferencias mañaneras presidenciales realizadas de lunes a viernes existen, así como los comunicados de la giras de trabajo de fin de semana que realiza el presidente de manera casi ininterrumpida. Todo está ahí, a la vuelta de un click, tanto en formato de video como en las versiones estenográficas publicadas en diversos portales, que no admiten dudas sobre lo que se dijo.

Si antes clamábamos por elementos discursivos robustos y fiables para apoyar nuestras críticas como oposición, ahora que por fin se cuenta con ellos, un buen sector de los periodistas, escritores y otros profesionales de la palabra (por llamarles de algún modo) que se oponen al nuevo régimen, se encuentran en un estado inamovible de negación a una acción tan elementel y sencilla como recurrir a esos elementos para fundamentar lo que pretenden criticar.

Hace poco invité a una destacada periodista a que reprodujera, con cita y referencia de por medio, algo que según ella había dicho el presidente. Como respuesta, compartió notas de dos medios de comunicación, uno mexicano y otro extranjero, que supuestamente daban cuenta de la declaración, pero que en realidad no tomaban en cuenta el contexto (textos alrededor del texto de marras que aclaran el verdadero sentido de éste) en que ésta fue expresada, y a partir de ese acto de selectividad o exclusión se bordaban las opiniones. Fue imposible hacerla acudir a la fuente original. La razón es clara: ello habría significado el derribamiento de sus acusaciones al quedar claro el verdadero sentido de la exposición de referencia.

A nadie se le puede obligar a ver lo que no le conviene ver, y una gran cantidad de “especialistas de la palabra” ubicados en la oposición se muestran reacios a tomar en cuenta la palabra presidencial, de modo que sus “críticas” son tan volátiles como se empeñan en convertir a ésta.