Suave matria. Loret de Mola, Dresser, Sarmiento, Gómez Leyva, Levario: reprobados en ética periodística (II)

Por Beatriz Aldaco La mayoría de los “periodistas” que adquirieron fama (o relativa fama) en las últimas décadas gracias al impulso que les dieron ciertos medios de comunicación, en su mayor parte favorecidos  económicamente por los gobiernos de entonces, violan los…

Por Beatriz Aldaco

La mayoría de los “periodistas” que adquirieron fama (o relativa fama) en las últimas décadas gracias al impulso que les dieron ciertos medios de comunicación, en su mayor parte favorecidos  económicamente por los gobiernos de entonces, violan los principios más elementales de la ética periodística. Están reprobados, no pasarían un examen del primer semestre de la carrera de periodismo.

Aunque lo que en esta entrega se exhiben como ejemplos para ilustrar nuestra aseveración no son en su mayoría artículos o reportajes sino piezas breves e informales difundidas a través de twitter o de otras plataformas, partimos de la convicción de que el periodista debe hacer honor a su investidura en cualquier mensaje que llegue al gran público. Además, coincidimos con lo que sugiere la EJN (siglas en inglés de la Red de Periodismo Ético) en cuanto a que los principios cardinales del periodismo deben extenderse a las redes sociales.

Como base para evaluar esas piezas comunicativas hemos considerado los principios básicos descritos en el “Código deontológico del periodista”,  los cinco preceptos expuestos por la Red de Periodismo Ético y lo sugerido por otros autores. La selección de textos fue difícil dada la cantidad de mensajes transgresores de la ética periodística que los comunicadores acostumbran difundir, y además porque algunos de ellos pasan por alto no uno sino varios principios rectores.

Aunque la ética periodística no se corresponde con un catálogo de obligaciones, sino que se ejerce de manera voluntaria, la adscripción o no de los periodistas a ella ilustra sobre atributos tan importantes en esa profesión como la calidad moral y la credibilidad.

Veamos:

1.- Transgresión del principio de veracidad

Caso Carlos Loret de Mola:

El 10 de febrero de este año escribió en su cuenta de twitter:

“El show de Santa Lucía. Aterrizaron aviones comerciales, sin pasajeros… Se informó oficialmente que en esa pista no van a aterrizar vuelos comerciales. Puro show. La inauguración del aeropuerto sin aeropuerto”.

No sólo el comunicador difunde una mentira (que se inauguró el aeropuerto de Santa Lucía cuando no fue así, la inauguración fue de la nueva Base Aérea Militar con una nueva pista de 3.5 kilómetros, terminal aérea y otras instalaciones), sino que saca “conclusiones” descalificatorias con base en esa falsedad: “Puro show”. Si Loret de Mola atendiera mínimamente el requisito de verificación de los hechos, para cumplir con el elemental principio de veracidad, se habría enterado, además, de la información oficial que circuló ese mismo día: en la pista aterrizarán aviones tanto de la Fuerza Aérea como comerciales. Con singular irresponsabilidad, el comunicador pasa por alto el siguiente valor rector: “Ajustarse profesionalmente y en todo momento a la fidelidad de los hechos con exactitud, equilibrio e imparcialidad, apoyándose en la corroboración y la contextualización de las informaciones”. (https://cdhcm.org.mx/wp-content/uploads/2015/06/etica-y-autorregulacion.pdf).

2.- Transgresión del principio de responsabilidad en la rectificación de información errónea

Caso Denise Dresser:

 Después de que la comunicadora compartiera en su cuenta de twitter una noticia falsa sobre la “muerte de un médico del Hospital de la Raza a causa del coronavirus” (la cual borró al darse cuenta de su error), ilustrada con la foto de un actor de películas pornográficas, en lugar de asumir su irresponsabilidad por no verificar la información antes de difundirla, el 11 de abril de 2020 escribió en la misma plataforma:

“Cuando retuiteas un tuit donde anuncian la muerte de un médico y resulta ser un actor porno. Y te das cuenta que (sic) eso te pasa por no saber quienes (sic) son los actores porno del país. Y te disculpas”.

En vez de asumir su equivocación, pretende suavizarla recurriendo a la broma y, en una actitud cínica, intenta justificar su falta de ética y profesionalismo aduciendo que el error se debió a que ella “no ve películas porno” (como si eso fuera, además, una cualidad paliativa) y no a su irresponsabilidad informativa. “Cuando cometemos errores -dice la Red de Periodismo ético- debemos corregirlos y nuestras disculpas deben ser sinceras, no cínicas”.  (http://eticasegura.fnpi.org/2013/11/25/el-periodismo-etico-se-resumen-en-5-principios-ejn/).

3.- Transgresión del principio de precisión

Caso Sergio Sarmiento:

El 1 de febrero de este año, el comunicador escribió lo siguiente en su cuenta de twitter:

“Es positivo que el presidente haya difundido un video para poner fin a los rumores sobre su salud. Pero el lujo de Palacio Nacional pone en entredicho su afirmación de que mudó la residencia presidencial de Los Pinos por su excesivo lujo. AMLO ya es totalmente Palacio”.

De manera muy burda, Sarmiento desacata el principio de precisión con la clara intención de generar confusión en los lectores. Su texto cargado de ambigüedades pretende hacer creer que el presidente reside en las instalaciones históricas de Palacio Nacional que datan de 500 años atrás, engañar con la mentira de que ha elegido a ese recinto como su casa, cuando lo cierto es que él, su esposa y su hijo menor habitan un departamento construido durante la administración de Felipe Calderón en un área aledaña pero independiente del complejo histórico. De paso, busca desorientar comparando el lujo de Los Pinos, caracterizado por la frivolidad, el dispendio y el robo que identifican a los mandatarios de los pasados sexenios, con el valioso acervo histórico y artístico de Palacio Nacional, Patrimonio de la Humanidad como parte del Centro Histórico de la Ciudad de México (desde 1987), que no es habitado por persona alguna.

Hay que sugerirle a Sarmiento que revise textos que lo ayuden a ubicar lo lejos que se encuentra de la multicitada sentencia de Eric Hodgins: el periodismo es “llevar información de aquí y de allá, con precisión, perspicacia y rapidez, y en forma tal que se respete la verdad y lo justo de las cosas”.

4.- Transgresión del principio de apego a los hechos y consecuente caída en el sensacionalismo

Caso Ciro Gómez Leyva:

El 23 de septiembre de 2020, en una entrevista con Diana Lastiri que fue reproducida en varios medios, ella le pregunta: “¿Se ha sentido intimidado o limitado para no comentar o publicar algo que pudiera molestar al Presidente de la República?”, y la respuesta es: “Sí, por supuesto. Negarlo sería una mentira”. A lo que después agrega: “… la estrategia de intimidación a medios y periodistas le ha dado dos años de comodidad y gracia a López Obrador: el presidente menos criticado por los medios desde (Carlos) Salinas de Gortari”.

Más allá de la evidente falsedad de sus afirmaciones, desmentidas por los cientos de textos publicados día a día en contra de la persona del presidente, su manera de gobernar y sus iniciativas y proyectos, el comunicador cae en el sensacionalismo: ¿López Obrador, el presidente menos criticado por los medios desde Salinas de Gortari? ¿Cómo se atreve a asegurar lo contrario de lo que diariamente ocurre, comenzando por él mismo? Se atreve porque ante una realidad que lo avasalla, que no acepta, que no puede asimilar, a la que no le es posible adherirse ni mucho menos domesticar, sólo le quedan los recursos de la negación, la ficción y el sensacionalismo. Le convendría a Gómez Leyva analizar este principio rector de un medio de circulación regional: “La manera más fácil de evitar el sensacionalismo es apegándose a los hechos sin especular sobre ellos, sin adornarlos con adjetivos y sin falsearlos con la fantasía del redactor”.

De esa misma burbuja en la que está imbuido y que le impide analizar la realidad con serenidad e inteligencia, brotan sus alaridos a favor de personajes probadamente corruptos como Rosario Robles, Emilio Lozoya y Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre. El sensacionalista Gómez lanzó el grito de “¡Inverosímil, inconcebible, increíble!”, cuando en agosto de 2020 el presidente López Obrador solicitó que se diera a conocer públicamente la denuncia de Emilio Lozoya contra encumbrados políticos del período neoliberal.

5.- Combo Levario Turcott:

Quien se lleva el galardón al desapego ético es el director de la revista Etcétera, Mario Levario Turcott. He aquí un combo de piezas que ilustran el porqué de esa distinción:

Presea a la estigmatización. Nada original, sumado a las más ordinarias posturas de carencia crítica y pereza argumentativa, Levario se suma al consabido estigma, forjado y repetido machaconamente por ciertos sectores y convertido ya en inefectivo cliché, del presidente y sus seguidores: “López Obrador y sus seguidores desprecian las palabras, no plantean ideas ni aceptan dialogar, sólo tienen adjetivos para quienes piensan distinto” (tweet del 11 de diciembre de 2020). ¿AMLO, siempre? ¿Todos sus seguidores también? ¿Todos? ¿Siempre? ¿Ni una idea plantean, ni una sola? ¿Ninguno de ellos dialoga nunca? ¿Sólo se expresan con adjetivos? ¿Cómo le hacen para redactar mensajes utilizando sólo adjetivos?

Presea a la descalificación a priori. En su usual tono pontificatorio, escribe el 7 de diciembre en su cuenta de twitter: “Clouthier (Tatiana) carece de la preparación para el cargo, es más proclive al insulto y la difamación que al intercambio de ideas. Este es un gobierno de ineptos”. ¿Así, a priori, sólo porque él lo dice, despepitando en otros tweets adjetivaciones y supuestos hechos sin análisis y comprobación, nulificando completamente las capacidades de la nueva secretaria?, ¿con base en qué evaluación? ¿Y cómo es que hila en una sola frase aspectos que pertenecen a esferas distintas? Una cosa es la “preparación para el cargo” (conocimientos, experiencias, habilidades, etcétera) y otra las proclividades que el comunicador le atribuye a la secretaria, que no tienen estrictamente que ver con su capacidad para desempeñar el cargo. Y al final, a manera de conclusión, lanza una de sus acostumbradas frases demoledoras: “Este es un gobierno de ineptos”. ¿Cómo de un caso particular deriva una conclusión general?

Presea a la satanización:

El 9 de marzo de este año, en un video (https://www.youtube.com/watch?v=0bZcFgQNnpk) diseñado, como varios otros que habitualmente protagoniza, para parecer implacable, demoledor, escalofriante, comenzando con su expresión corporal y gestual y rematando con la sonrisa socarrona con la que refrenda su disparatada acusación al final de la grabación, Levario dice:

“El principal agresor de las mujeres es él (Andrés Manuel López Obrador)”. Al otorgarle esa gran capacidad de ser el principal agresor de las mujeres en todo México, lo sataniza (Satanizar: atribuir a algo o a alguien un carácter perverso o diabólico). ¿Cuáles son las “razones” que esgrime el comunicador?: los disturbios del 8 de marzo, sobre los que se muestra parcial mencionando hechos específicos sin hilarlos, contextualizarlos y mucho menos analizarlos; que el presidente descalifica las auténticas demandas de las mujeres y las acusa de ser usadas por la derecha, cuando en efecto el presidente sí descalifica, pero no las auténticas demandas de las feministas, sino las de aquellas que se hacen pasar por tales pero que, en realidad, se han prestado a ser instrumentos de ciertos grupos bien identificados (Levario no sólo sería incapaz de probar que esos grupos no existen, sino de siquiera mencionarlos); la impunidad de la mayor parte de los casos de feminicidios, sin hacer la más mínima alusión al papel del Poder Judicial y a la corrupción que impera en su seno; y porque “no cuenta con una política para enfrentar el problema”, pero que Levario no se haya tomado el tiempo de conocerla no significa que no exista. Y concluye lapidariamente, como para sorprender incautos: “Por eso una y otra vez hay que hacer responsable a Andrés Manuel de las muertes de las mujeres” (es entonces cuando, histriónicamente, despliega su mueca sonriente acompañándola de una señal de advertencia mediante el dedo flamígero que casi invade la superficie de la cámara).

Nótese, por cierto, el giro entre la primera acusación y la última. Ésta parece abiertamente una invitación a fraguarle una culpa al presidente, pues no afirma literalmente que el presidente sea responsable de las muertes de mujeres (aunque el título del video es “Andrés Manuel López Obrador: Usted es el principal responsable de los feminicidios en el país”), sino que conmina a que “una y otra vez hay que hacer responsable a Andrés Manuel de las muertes de las mujeres”. Más bien está convocando a un acuerdo.

Presea al bulo:

El 5 de marzo de este año escribió en su cuenta de twitter: “Estoy en condiciones de asegurarles que Marcelo Ebrard ingresó al hospital ABC de Observatorio. Llegó cerca de las diez de la noche de hoy y con necesidad de oxígeno”. Resulta que Marcelo Ebrard acudió a Urgencias porque se cortó una mano con una puerta de vidrio que se desplomó. Sin comentarios.

Presea a la cosificación de la mujer:

El comunicador no encuentra otra manera de defender a Brozo de los señalamientos sobre su práctica de cosificar a las mujeres en sus emblemáticos programas de años atrás, que reproducir en pantalla escenas similares a las de marras, enalteciendo la actuación del payaso y la suya propia. En un video publicado en su cuenta de twitter el 8 de marzo pasado (https://twitter.com/arouet_v/status/1369103104935923716), de entrada invita a los usuarios a observar la espalda, cintura y glúteos de una mujer que aparece sentada junto a él; luego dice: “está con nosotros una mujer que el día de hoy resolvió con su silencio festejar el 8 de marzo, ¿festejar por qué?”, y aquí comienza a acantinflarse porque debió recordar que el día no es para festejar, entonces cambia rápidamente de un pormenor a otro, se hace bolas, pero la idea central de su exposición expresada en el tweet es ésta: “Las mujeres tienen derecho a mostrar su cuerpo y también a no mostrarlo. No son ni más ni menos inteligentes por eso”. ¿En serio el comunicador cree que el auditorio es tonto al insultar de tal manera su entendimiento? ¿En serio confunde libertad de mostrar el cuerpo con abierta manipulación de la figura femenina en programas televisivos que reducen lo femenino a cuerpos voluptuosos y bocas cerradas? ¿En serio cree que lo que está en entredicho es la inteligencia de esas mujeres y no la manipulación de que son objeto por los medios de comunicación?

Y el remate es éste:

“Cosificación, mis polainas, dijo ella; mis huevos, digo yo, si se trata en efecto de aplaudir la libertad que las mujeres tienen para vestirse como quieren”.

Lejos de limitarse a las “polainas”, prefiere rematar con la expresión machista “mis huevos”, nada oportuna elección para una pieza que pretende reivindicar a las mujeres.  ¿Por qué será que quienes defienden la exhibición de mujeres en calidad de cosas, es decir, como objetos de los que sólo puede apreciarse su apariencia, su físico, que no hablan y sólo se mueven para mostrar sus dotes corporales, resultan ser hombres titulares o dueños de medios de comunicación, como él y Brozo? ¿Por qué será que no encontramos un solo programa cuya titular sea una mujer que practique lo mismo? ¿Por qué será?

*(Esta columna continuará con la revisión del proceder de otros personajes).

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