Suave matria. No es perrada, es pueblo informado, don José (Woldenberg)

Por Beatriz Aldaco Hace unos días, a la par de la publicación en este portal de una entrega en la que revisamos el trasnochado y dogmático concepto de la democracia de José Woldenberg, el politólogo publicó en otro medio un…

Por Beatriz Aldaco

Hace unos días, a la par de la publicación en este portal de una entrega en la que revisamos el trasnochado y dogmático concepto de la democracia de José Woldenberg, el politólogo publicó en otro medio un texto titulado “Los perros de Pavlov (sic) y la consulta”. En él expresa, entre otros puntos, a) que como los perros de Pavlov (sic), “cada vez que colocan una urna” van a votar, pero en el caso de la “farsa de consulta” del 1 de agosto no lo hará; b) que la pregunta de la consulta es “humo”; c) que los actores políticos objeto de la consulta son indeterminados; d) que no es necesario involucrar al “público” en esos menesteres; e) que mejor, si se tienen pruebas contra alguien, que se denuncie legalmente; f) que la consulta tiende a “degradar” la democracia y que no se cuente con él.

Replicamos al articulista lo siguiente:

1.- Que se haya sentido usted “perro de Pávlov” al ir a votar, don José, no lo autoriza a endilgar el mismo estado a las demás personas

Que una costumbre suya haya sido acudir a las urnas como reflejo condicionado, no significa que el conjunto de la población practique también ese hábito. No requería utilizar una trampa con el lenguaje -el adjudicarse primero a usted mismo el comportamiento perruno pavloviano en todos los casos menos en el de la consulta- para, sintiéndose maliciosamente autorizado, llamar “perros condicionados” a quienes hemos decidido participar en ese ejercicio democrático. No era necesario, su menosprecio y subestimación por el pueblo son ya abiertamente conocidos y manifiestos.

2.- Su ejemplo del perro es fallido

El perro de Pávlov (con acento) no decide cuándo sustraerse al efecto condicionado, suponer lo contrario es una contradicción en los términos, de ahí que su ejemplo sea franca y estultamente malogrado.

3.- No se trata de una “farsa de consulta” sino de una consulta legítima y legal

Farsa, circo, carnaval, espectáculo ultrajante, son los adjetivos con que califica la consulta, pero resulta que la iniciativa cumplió con todos los trámites e instancias que exige la ley ¿Son entonces el Congreso de la Unión, la Suprema Corte de Justicia de la Nación y el mismo INE, instituciones farsantes, circenses, carnavalescas, ultrajantes?

4.- ¿Ha “caído bajo” la Suprema Corte de Justicia de la Nación?

Primero, don José, dice usted que la corte “tuvo a bien” redactar de nuevo la pregunta de la consulta desechando la del presidente, pero luego se lanza con una retahíla cuestionándola. Es decir, le agrada que la interrogante inicial haya sido cambiada, pero no se atreve a adjudicar directamente a la corte las críticas que esgrime contra la redacción actual. Dice que “la sola lectura de la pregunta ilustra lo bajo que hemos caído”. ¿Quiénes? En este caso la primera persona del plural está de más. Ese “caer bajo” le correspondería a la corte, pero no se atreve a decirlo así de claro y con todas sus letras.

Lo que sí asegura es que la pregunta de marras es producto de los “malos y ‘grillos’ cálculos” de la corte. Veamos. La constitucionalidad de la “consulta del juicio a los expresidentes” (con ese nombre se manejó inicial y oficialmente en el tribunal supremo) se sometió a votación del pleno en octubre de 2020. El resultado fue seis votos a favor y cinco en contra. No parece eso una “grilla” o un mecanismo de “malos cálculos” sino un ejercicio democrático de la SCJ.

Sobre el mismo tema, expresa: “Ahora resulta que esa pregunta vaporosa y ofensiva, debe leerse como un sí o un no al eventual  juicio contra los expresidentes”. No, no es así, es completamente al revés. La consulta fue inicialmente pensada para conocer si la ciudadanía está de acuerdo o no con el juicio en contra de los expresidentes, después vino la modificación de la pregunta. Nada, señor, de que “ahora resulta”.

 5.- A todos nos molesta la redacción de la pregunta

No creemos que haya alguien a quien la interrogante de la consulta satisfaga. Sí, es rebuscada, imprecisa, poco clara, pero -quizá usted no lo pueda apreciar desde su escritorio- existe una intensa campaña de información en el país sobre el particular. Pocos no están enterados de que la consulta tiene como fin conocer si la ciudadanía está de acuerdo en que se enjuicie a los últimos expresidentes mexicanos, de Carlos Salinas de Gortari a Enrique Peña Nieto.

6.- No es un capricho del presidente, sino una propuesta legítima

Asevera también que la pregunta de la consulta es producto de que la corte “no supo decirle no a un capricho presidencial”. Lo que habría sido un capricho imperdonable es que la corte le dijera, sin más, “no” a la realización de un mecanismo democrático inscrito en la constitución mexicana. El artículo 35 de la carta magna establece que es derecho de los ciudadanos votar en las consultas populares, y en la Ley Federal de Consulta Popular se consigna que votar en éstas “constituye un derecho y una obligación de los ciudadanos y ciudadanas para participar en la toma de decisiones sobre temas de trascendencia nacional o regional competencia de la federación”.

7.- Público, el de los circos, no el pueblo

Fiel a su concepto dogmático de la democracia en donde el pueblo importa poco, es natural que le parezca razonable apartar a éste lo más posible de la vida política del país. Su frase a propósito de la consulta así lo delata: “Como si fuera necesario involucrar al público en ese asunto”. Denominar “público” al conjunto de ciudadanos reitera no sólo su desprecio por la ciudadanía sino que quien reduce el ejercicio democrático a un circo es usted. Público, el de los circos, no el pueblo.

8.- Hay mucho más que indicios de conductas ilícitas por parte de los expresidentes

Don José, ¿en qué mundo vive usted? Dice: “Debería ser claro y rotundo que si se tienen pruebas de conductas ilícitas la autoridad tiene que proceder, incluso para no ser cómplice; pero si no hay ni siquiera indicios entonces no debe (porque al parecer si (sic) puede) armar un circo emparentado con los linchamientos”.

¿En realidad ha vivido usted las últimas décadas en México? Si es así, ¿acaso no se ha enterado no solamente de la profusión de indicios de conductas ilícitas de los expresidentes, sino de denuncias abiertas y en curso contra algunos de ellos no sólo en organismos nacionales sino internacionales? ¿De veras está usted hablando en serio?

9.- No es “operación distractora”, es democracia participativa

Eso a lo que usted denomina también “operación distractora” (queda la duda: ¿distractora de qué?) es un ejercicio de democracia participativa, la cual -es ampliamente conocido- funciona, o debería de funcionar, a la par o como un complemento de la democracia representativa, proporcionando a los ciudadanos otra manera de ejercer su poder como tales. Hay cientos de páginas escritas sobre las bondades de esa figura. Un acercamiento a los ensayos de Norberto Bobbio y de Giovanni Sartori, por ejemplo, no le vendrían mal a usted.

10.- La consulta popular no excluye otros procedimientos de actuación de las autoridades contra los expresidentes

La consulta popular no tiende a degradar la democracia ni a masacrar las garantías procesales ni a diluir la responsabilidad de las autoridades, como usted afirma, sino a fortalecer y empoderar a los ciudadanos en el ejercicio democrático. Ciertamente, es probable que no se reúna la cantidad de votantes necesarios (40% de la lista nominal de electores) que se pronuncien por el “sí” para conseguir que la consulta tenga un resultado vinculatorio, pero la posibilidad de enjuiciar a uno, a varios o a todos los expresidentes no se anula si ése es el desenlace. Si con la consulta no se logra el propósito, los procesos ya en curso o los que puedan presentarse contra los expresidentes, con pruebas de conductas ilícitas incluidas, como usted exige, seguirán su curso.

Aun si ése resultara ser el panorama, con la consulta habremos ganado mucho en toma de conciencia y empoderamiento ciudadano, organización de la sociedad civil, participación de la gente en ese gran reto y aspiración nacional que es el combate a la corrupción, entre otros beneficios, elementos todos que, por supuesto, no caben en su concepto trasnochado y dogmático de la democracia.

Y no se preocupe en aclararlo, ya sabíamos que no contábamos con usted.

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