Votaré por Alfonso Durazo

Por Mario Campa Me desprenderé en esta ocasión de la escritura en tercera persona. La voz en primera persona da un toque más personal y subjetivo, y es finalmente espejo de la decisión electoral. Empezaré por el único rival con…

Por Mario Campa

Me desprenderé en esta ocasión de la escritura en tercera persona. La voz en primera persona da un toque más personal y subjetivo, y es finalmente espejo de la decisión electoral.

Empezaré por el único rival con posibilidades: Ernesto Gándara. Como ex alcalde de Hermosillo legó varios millones en deuda de corto plazo, infló la nómina burocrática sin mejorar la recaudación y es parcialmente responsable de que vivamos en uno de los municipios más endeudados del país; con las presionadas finanzas estatales, su estilo de Gobierno me huele a pólvora. Intereses múltiples del PRI, PAN y Bours lo atarían severamente de manos y sembrarían conflictos internos naturales. Gándara ofreció una campaña de choque contra el Gobierno federal, pero carente de (auto) crítica hacia la Gobernadora y de escasa visión de Estado.

Lo que más me preocupa del “Borrego” es su doble moral. Como senador cobró en paralelo dos salarios públicos: Uno en el Senado y otro en el PRI. Como candidato a la gubernatura privilegió la campaña negativa y puso contadas ideas sobre la mesa. Yo, al igual que muchos sonorenses que no nacieron entre privilegios, salí de Sonora por 10 años y no me considero menos sonorense que él -además, Ernesto vivió fuera muchos años y sólo conoce Hermosillo. Esa narrativa incoherente buscó ocultar sus carencias como candidato y desviar la atención de un sexenio gris y de la imagen erosionada del PRI-PAN. Intentó distraernos de los problemas cotidianos de los sonorenses.

Como alcalde, su historial público está intrincado a capítulos negros de la historia de nuestra capital, como el incendio de la guardería y el ecocidio, y ese desgaste es insoslayable.

Detrás de Gándara se alinearon partidos tradicionales, cámaras empresariales históricamente atadas a ellos y, naturalmente, el grueso de la burocracia estatal.

Sonora sólo ha tenido alternancia partidista entre derechas conservadoras, pero hoy la línea divisoria es nítida.

Nunca imaginé que fuera posible que un proyecto progresista -que amalgama a la izquierda y al centro liberal- pudiera ganar en el corto plazo. Sólo un perfil experimentado y socialmente arropado como Alfonso Durazo y una aprobación tan alta como la de AMLO en Sonora pueden alcanzar lo hasta hace poco inimaginable.

Durazo promete trabajar estrechamente con el Gobierno federal pero, más importante, busca restarle aquellos problemas particulares de Sonora y no sumarle nuevos. En cambio, la continuidad del partido en el poder (PRI) ofrece paliativos. Poco bien haría que el próximo Gobernador diagnostique con los mismos lentes, actúe con la misma pasividad de la actual administración estatal y espere resultados distintos; Sonora ya es último lugar fronterizo en casi todo.

Colaboré con uno de los capítulos divididos en tres tomos de la colección Sonora 2021, donde Durazo dio voz a una pluralidad de pensadores, todos articulados por la premisa de proponer soluciones a problemáticas apremiantes. Varias ideas fueron retomadas por un candidato abierto a sugerencias y enfoques frescos. Su proyecto ofrece rumbo y detalla el financiamiento sin demagogias. Fue el candidato propositivo.

El contraste es claro. Veo en Durazo compromiso social, apertura y más margen de maniobra para renovar unos aires sonorenses que ahora mismo son sólo respirables para unos cuantos; y veo en Gándara continuidad, exceso de intereses enquistados, riesgo hacendario y frecuentes lavados de manos.

Por un giro democrático y políticas incluyentes, votaré por Alfonso Durazo.

*El autor es asesor independiente, especialista en finanzas internacionales y política económica. Tiene estudios en el ITAM y la Universidad de Columbia, y colaboró con el Ministerio de Hacienda de Chile. Artículo autorizado por su autor para publicarse en Sonora Inclusiva.